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«CONCIERTO
ANDALUZ»
Autor: Varios artistas |
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Sinopsis
Lo
venía preparando Salvador Arias, que es el alma
de la Venencia y su presidente. Con el sentido perfeccionista y
el buen gusto que le caracteriza, Salvador, le agradezco la
invitación porque me incluyó sin mucho motivo entre esas quince
personas que saben. Hombres y mujeres que íbamos a asistir al
Concierto Andaluz en un almuerzo privativo, en Ciana, Monte. Nos
iba a entregar a cada uno un ejemplar de la limitada edición de
25 discos que llevan en la portada una acertada gitana sin
aspavientos del pintor Barrigón, a quien
tributaron un afectuoso aplauso. Después de escuchar las
canciones, lo hizo. ¿Cómo no podíamos estar felices si la
felicidad, como alguien dijo, son momentos, “momentos
como éste”?...
Después de “La taranta”, la segunda más votada fue la del
“Romance de la Reina Mercedes”, de Bernarda de Utrera,
historia y canción.. Así, hasta dieciocho canciones con solistas
como Manolo Sanlúcar (“Caballo negro”),
Paco de Lucía (“Punta Umbría”), Paco Cepero
(“De pura cepa”) y el poeta Vicente Amigo,
post-tonadilla que sonaba a sinfonía… (Definitivamente son gente
distinta; lo viven, se llevan bien, siente el arte y la poesía
del flamenco, la cultura del Sur).
No
había ninguna finalidad comercial. No había sombra pretenciosa
alguna, ni interés. Eran canciones y músicas para vivirlas y
recordarlas, para obsequiarse a sí mismos. Música folklórica y
tres piezas flamencas. Conscientes de que habían hecho sonar
música de ochenta años de distancia entre algunas. Regalo de la
tradición en el que no habían podido insertar a Sabicas
o a Chocolate, por ejemplo. A su pesar. Al
farmacéutico Arias -que estudió en Granada- le
ha apoyado el aparejador Sánchez Cavada -que estudió en Sevilla
y sabe mucho de informática.
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| COLECCIÓN
TAUROMAQUIA
De
Blanco y Oro, Antonio Martínez Cerezo, Tauromaquia, 1, Santander, 1997
Seis
noches con Manolete, VV. AA., Tauromaquia, 2, Santander, 1997
Tauromaquia y siglo XX, J. Gómez Castañeda, Tauromaquia, 3, Santander,
2001
Cuando
va a ser la hora, Marián Bárcena, Tauromaquia, 4, Santander, 2002
El
siglo de oro de la poesía taurina, Salvador Arias Nieto, Tauromaquia, 5,
Santander, 2003
Redondel, José María Fernández Nieto, Tauromaquia, 6, Santander, 2004
Silencio y duende, María Mérida, Tauromaquia, 7, Santander, 2005
En
preparación: El siglo de oro de la poesía taurina (nueva edición) |
DISCOGRAFÍA
FLAMENCA
Por
derecho, Diego Clavel, CD, 008 F, Antequera Records, 1995
Poema
del toreo, Diego
Clavel, CD, 009, F,
Antequera Records, 1996
Cantes
flamencos de Navidad, Diego Clavel, CD, 006 F, Antequera Records, 1995
De
blanco y oro, Diego Clavel, CD, 011, F, Antequera Records, 1995
Vestido de luces, Paco del Pozo, Dinastía
Ordóñez, Harmonía Mundi,
Barcelona, 2003 |
| COLECCIÓN
TAUROMAQUIA LÍRICA
Dinastía
Ordóñez, Salvador Arias Nieto, Tauromaquia Lírica, 1, Santander, 1999
Trío de
ases-trío de arte, Antonio Murciano, Tauromaquia Lírica, 2, Santander,
2006
En
imprenta: Califas de Córdoba, Alfredo Asensi, Tauromaquia Lírica, 3,
Córdoba, 2006
En
preparación: Ignacio Sánchez Mejías; Joselito y Belmonte |
COLECCIÓN
ARTISTAS
PLÁSTICOS DEL SIGLO XXI
Fernando Sáez, 1, Santander, 2006
En
preparación: Pedro Sobrado; Alejandro
Quincoces |
| OTRAS
PUBLICACIONES
11
Artistas de Cantabria tras un Quijote, Homenaje al Quijote en el IV
Centenario de su publicación, Santander, 2005
Pereda
-Imágenes para un Centenario 1906-2006. |
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Crónica de una
invitación de 'La Venencia' |
27 Febrero
2006 |
Jesús PINDADO |
ver |
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Texto íntegro del artículo
publicado en «Cantabria Confidencial» el 27 de Febrero de 2006 |

Ida y Vuelta
Crónica de una
invitación de 'La Venencia'
No,
no se equivocó el pasado sábado la paloma cuando creyó que el
Norte era el Sur. El propósito era pasárselo bien, divulgativo y
didáctico. Eso dijo Antonio Sánchez Cavada,
prosevillano profundo desde que hizo allí la carrera. La más
alegre me pareció “luz de luna”,
El Cabrero con la bulería por Jerez; la más
intensa, “Maldigo tus ojos verdes” de La Paquera de
Jerez; pero la ganadora “La Tarara” de Camarón
de la Isla.
Lo
venía preparando Salvador Arias, que es el alma
de la Venencia y su presidente. Con el sentido perfeccionista y
el buen gusto que le caracteriza, Salvador, le agradezco la
invitación porque me incluyó sin mucho motivo entre esas quince
personas que saben. Hombres y mujeres que íbamos a asistir al
Concierto Andaluz en un almuerzo privativo, en Ciana, Monte. Nos
iba a entregar a cada uno un ejemplar de la limitada edición de
25 discos que llevan en la portada una acertada gitana sin
aspavientos del pintor Barrigón, a quien
tributaron un afectuoso aplauso. Después de escuchar las
canciones, lo hizo. ¿Cómo no podíamos estar felices si la
felicidad, como alguien dijo, son momentos, “momentos
como éste”?...
Después de “La taranta”, la segunda más votada fue la del
“Romance de la Reina Mercedes”, de Bernarda de Utrera,
historia y canción.. Así, hasta dieciocho canciones con solistas
como Manolo Sanlúcar (“Caballo negro”),
Paco de Lucía (“Punta Umbría”), Paco Cepero
(“De pura cepa”) y el poeta Vicente Amigo,
post-tonadilla que sonaba a sinfonía… (Definitivamente son gente
distinta; lo viven, se llevan bien, siente el arte y la poesía
del flamenco, la cultura del Sur).
No
había ninguna finalidad comercial. No había sombra pretenciosa
alguna, ni interés. Eran canciones y músicas para vivirlas y
recordarlas, para obsequiarse a sí mismos. Música folklórica y
tres piezas flamencas. Conscientes de que habían hecho sonar
música de ochenta años de distancia entre algunas. Regalo de la
tradición en el que no habían podido insertar a Sabicas
o a Chocolate, por ejemplo. A su pesar. Al
farmacéutico Arias -que estudió en Granada- le
ha apoyado el aparejador Sánchez Cavada -que estudió en Sevilla
y sabe mucho de informática.
Ambos podrían haber reducido el elenco, la antología, para
hacerla más pura y difícil, para añadir a las mencionadas, como
lo han hecho, “Carcelero carcelero” de Manolo Caracol,
la niña de Fuego de Juanito Varea y otras
cercanas a lo que algunos entienden por pureza. Pero la gracia
es que han compartido las dieciocho canciones y, tras oirlas,
nos han hecho votar, incluso a mí. Yo era simple testigo de amistad y amor al arte,
pero el propósito de la edición, exclusiva pero abierta en los
contenidos, no podía dejar fuera la música española y la
tonadilla junto al flamenco. No se iba a dejar fuera, por
ejemplo, a Carmen Linares, amiga de Salva Arias
desde hace 30 años. Escuchamos con reverencia, por tanto, “Las
tres morillas de Jaén”, como los cuatro muleros de
Estrella Morente que me pareció de lo más alegre junto
a “Luz de luna”.
Bécquer, Alberti,
Regino Sáiz de la Maza, Punta Umbría, los caballos
andaluces en el Astrodom de Houston, el homenaje a Juan
Ramón en la Universidad de Maryland, tantas, tantas
cosas van deslizándose por mi memoria mientras oigo las
canciones, que termino pensando que puede no ser inmerecido
estar tan a gusto entre estas cántabras gentes que aman una cultura del cante que no conozco
bien pero que me congratula que admiren y
cultiven.
No
han restringido su labor a “la
tragedia en primera persona” con la canónica
restitución del flamenco sino la introducción y el recuerdo, la
flexibilidad dentro de las calidades, la vivencia y la
introducción para quien, como yo, inmerecidamente, es invitado a
penetrar por el umbral de la estética que imprimen a la
Venencia. (No puedo entender que Cerezo –padre
fundador- haya dejado de venir como hacía. No creo que se haya
hecho mayor o que se haya encerrado).
Salvador quiere el silencio pero no se pone grave. Lo rompe él
apenas para recordarnos que Pepe Pinto –crupier
en la Riviera francesa- se casó con La Niña de los
Peines y quizás se murió de pena detrás de ella. Salva
explica algo sobre otras y esta figura de la soleá a la madre.
Cuando suena la voz de Pinto, a las mujeres que hay en la
reunión no les brota la innecesaria idea del machismo porque la
mayoría, si no todas, tienen hijos. No se desdoblan en suegras o
nueras sino que parecen asentir
con su silencio al canto materno que sentencia
brillantemente que no podría la mujer-esposa tener amor sin la
mujer-madre. ¿No se estrellan aquí un poco machismos y
feminismos?...
Aquí, nadie es viejo o joven. Cristóbal,
Jesús Gómez, todos los demás parecen jóvenes
pese a los viajes, los kilómetros de experiencia, la idea y
vuelta sea desde Almería como el primero, o desde Inglaterra,
Chile u otros lugares del segundo. Nadie siente peso cronológico
alguno durante este almuerzo festivo inusitado que ha sabido
inventarse Salvador Arias en Monte –la tierra de la poeta
Camus- con música, canciones, vino y amistad.
Hasta
Barrigón quiere ver “luz y poesía”
en las escuetas palabras de gratitud con las que me veo obligado
a responder a Arias en la alegre tarde lluviosa que no sentimos.
Pero Fernando Negrete, no fuera de programa
sino incurso por todos los demás en uno paralelo, va a recordar
la “nobleza del Ebro en Reinosa”
sin quejarse de Aragón; que la vida es “un soplo”; el ramín que
se lleva en septiembre a Covadonga; en fin, “el
disfrutar de la vida entre penas y canciones”
pero siempre para hablar de ilusiones. Esto es. ¡Ilusión y
disfrute vital con la pena flamenco y la alegría de bulería
jerezana y luz de luna o la de la marcha de los cuatro muleros
de Morente!.
Recuerdan con agrado cómo Diego Clavel repetía
las canciones de Negrete en otra reunión en Asturias. Yo, por
asociación inevitable e incontrolada, pienso en Santiago
Herrero, jándalo al frente de la CEA en Sevilla, en
Rafael Ávila y su presidente, el afectivo
Antonio Ponce en Huelva, en mis viaje con
Emilio Iodice –entonces responsable comercial
de la Embajada norteamericana-, en cómo pasaban por el agua los
caballos tirando elegantemente del carro, en cómo sonaba el
agua…
Recuerdo el encanto granadino, las estampas de Falla
en su capillita-museo, en la lectura de Goytisolo
sobre el paisaje almeriense y en mi hermana, ay, en Aguadulce,
Maribel, tan bella, tan buena, tan única.
La
música no me detiene el pensamiento y la evocación. Mi tía
Laura –generosa y bellísima- cantaba
extraordinariamente la canción de La Paquera de Jerez, “maldigo
tus ojos verdes”. Parece que no ha pasado el
tiempo, de pronto, sino que regresa. Regresan con las canciones.
Otra incomprensible asociación –de música y piedra- cuando oigo
a La Paquera es la escultura de Camille Claudel.
Que nunca su pasión enloquecedora me dejó de causar admiración y
lástima por la autenticidad frente al “Beso” de su maestro y
amante Rodin, autor de la obra encargada por el
gobierno francés de la época para ilustrar en piedra un episodio
de Dante.
En
fin, el 5 de marzo Martos, presidente del
Centro Andaluz, es el anfitrión del alcalde sevillano y de
Chaves y al parecer, cómo no, Revilla
estará en la gran romería rociera que cabe esperar y deseamos
que sea un éxito total. Eso no puede ser “una
página en blanco” porque ya hay mucho escrito;
ya hay mucho andado. Estas gentes de La Venencia llevan una vida
luchando por el aprecio de la cultura del Sur, la conocen, la
veneran y la practican. Son adelantados a quienes corresponden
considerar coanfitriones por la indiscutible calidad con la que
vienen haciendo las cosas.
Ha
sido una gran satisfacción que nos lleven de testigos porque uno
no puede ser testigo cuando le hacen partícipe y le dan, después
de oirlo, un disco de editación limitada como el que ha
“ilustrado” Barrigón con tanto acierto.
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